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Perfil Institucional

Inteligencia Educativa es un emprendimiento de educación no formal que busca incentivar entre niños y adolescentes la incorporación de conocimientos científicos y tecnológicos. Queremos despertar en ellos el gusto por la investigación, el análisis y creación de objetos tecnológicos a través de diversas dinámicas lúdicas grupales o individuales. Esto responde en cierta medida a la gran demanda -insatisfecha- de personal técnico en áreas como la informática, la mecánica o la electrónica en el mercado laboral. Presentarle a nuestros estudiantes de forma amena y entretenida el mundo de los procesos científico-tecnológicos despertará en algunos el atractivo por estas áreas y en todos los casos se comprenderá la vinculación entre las ciencias y la tecnología que usamos cotidianamente, despojando al niño de la pregunta “¿Para qué sirve esta materia?”.

Por medio de los diferentes cursos que brindamos, incorporamos al niño o adolescente en el mundo de la tecnología, para que logre comprenderla y luego sea agente activo de los cambios tecnológicos. Nuestra característica principal es la utilización del juego como herramienta primordial a la hora de enseñar, generando interés y pasión en lo que se estudia.

Gracias al recuerdo indeleble de nuestra infancia y de las certezas que nos ha brindado nuestra experiencia en educación, se han hecho patente entre todos los que conformamos Inteligencia Educativa un conjunto de ideas que consideramos esenciales para atraer a jóvenes y niños al mundo de la ciencia y de la tecnología y que de por sí explican nuestro perfil institucional. Las ideas que presentamos a continuación conforman en sí mismas el concepto de educación que deseamos transmitir.

Muchas veces la vocación se ha experimentado previamente con el juego.

Incontables son las oportunidades en las que vemos a los niños jugar a que desarrollan alguna actividad laboral: Construyendo una casa, enseñando, cocinando o sanando. Ciertamente, entendemos que en gran cantidad de oportunidades la vocación laboral de una persona viene desarrollándose desde la infancia a través de las experiencias lúdicas. Dichas actividades brindan al niño un espacio de interpretación y representación de los roles y de la realidad que los circunda, en las cuales aflora un “querer ser”, una intuición del niño sobre qué cosas le gustan y lo estimulan. Este momento de gran interés por parte del niño en algún tema en particular constituye una oportunidad única para desarrollar hábitos y conocimientos afines. Consideramos así que generar conscientemente estos espacios lúdicos, colocando al docente en el rol de rector del juego y como guía, es nuestra tarea primordial. El juego significará así un momento placentero para todos, donde no demorarán en verse los frutos.

El juego es la forma más apropiada para el aprendizaje.

Como educadores es fundamental reflexionar sobre el juego infantil, para que su comprensión nos ayude a desarrollar nuestro trabajo de una manera mucho más efectiva, ya sea en ámbitos formales como informales. Especialistas reiteran una y otra vez que el juego infantil es una actividad mental y física esencial que favorece el desarrollo del niño de forma integral y armoniosa. Mediante los juegos, los niños entran en contacto con el mundo de forma placentera y agradable. Jugar es investigar, crear, conocer, divertirse, descubrir, esto es, la expresión de todas las inquietudes, ilusiones, fantasías, que un niño necesita desarrollar para convertirse en adulto. El juego es entonces un espacio valiosísimo para el aprendizaje al ser un contexto agradable y querido por el niño. Además de contar con su atención de forma voluntaria, las mismas reglas del juego favorecerán la incorporación de diversos hábitos positivos. La dinámica misma de los juegos impulsa a los niños a “hacer” sin miedo a equivocarse, se aprenderá de los errores de una forma distendida.

La identificación positiva del niño o jóven con una rama del conocimiento es vital para su incursión temprana en dicha área.

Los niños naturalmente buscan la aprobación por parte de los adultos y de sus pares en muchas de las actividad que realizan, esta necesidad de reconocimiento se explica por las carencias de madurez y seguridad propias de esta etapa de la vida. Muchos niños encuentran en alguna habilidad o rama del conocimiento un lugar desde donde reforzar su identidad y sentirse seguros y reconocidos. Cuando alguien se identifica tempranamente con alguna actividad es de esperar que inicie un proceso de aprendizaje y práctica que lo haga profundizar en el conocimiento de esa área. Reconocer en el niño esos gustos y habilidades, apoyarlo y motivarlo, creemos forma parte del rol del formador, para lo cual es imprescindible que las estructuras educativas permitan ese grado de personalización. La educación no formal al encontrarse menos estructurada y sin los condicionamientos externos propios de las organizaciones formales puede ser punta de lanza en esta tarea de despertar tempranamente en los jóvenes el gusto por una de las tantas actividades humanas, lo que constituye además una ventaja competitiva en el mercado laboral.

El aprovechamiento del tiempo libre en alguna actividad intelectual supone una ventaja para el niño o joven que lo realiza.

A medida que el niño madura hacia la adolescencia y luego a la adultez su tiempo libre irá reduciéndose. Pronto deberá atender a mayor carga horaria en el estudio y las actividades sociales también le restarán tiempo para el juego y la investigación; en la adultez, conforme se adquieran compromisos familiares y laborales el tiempo para investigar y jugar será escaso. En este marco, creemos que un jóven que invierte voluntariamente su tiempo libre en practicar y aprender una rama del conocimiento o de las artes, no tarda en sobresalir del resto una vez iniciada la formación profesional. El autodidactismo es primordial en áreas sumamente dinámicas como es el caso de la tecnología. Supone un gran placer en la actividad que se realiza, pero entendemos como vitales ciertos hábitos y capacidades que hacen de una persona ser capaz de investigar, comprender y progresar de forma autónoma.

El proceso, antes que la finalización de un proyecto, es el mayor generador de disfrute y conocimiento.

En Inteligencia Educativa pensamos que los espacios lúdicos constituyen un momento eficaz para generar hábitos y capacidades que ayuden al niño a desarrollarse, no solo desde lo personal y afectivo -que es muy importante-, sino además como futuros profesionales. Liderazgo, trabajo en grupos, planificación y análisis de errores entre otras acciones, podrán ser incorporados por el niño en cada proceso de aprendizaje y producción, en paralelo al goce que genera compartir entre pares un proyecto común.